martes, 24 de enero de 2012

SI SE TRATABA de una locura, ésta vez estaba a punto de cometerla. No hablo de un corte de pelo a trasquilones, ni de darse una paliza de tres vueltas corriendo a una manzana, tampoco de comprar dos billetes de avión a Estambul; me refiero a la impulsividad de adentrarse en terreno desconocido y a la vez familiar, en la selva de la incertidumbre, en lo que en un supuesto llamaría la dinámica de la naturalidad. Al recuerdo, o melancolía que me embriagaba, que me calaba hasta el hipotálamo, el centro de mi yo, mi propio ego.

Trataba de no pensar demasiado, de vivir como los hombres grises, de madurar y a la vez abandonar tanto en la cuneta que me daba miedo mirar hacia atrás y oír mi propio llanto. No se trataba volver al pasado, sino a mis principios, de ser lo que volverías a hacer. Ahí me quedé, predispuesta a recuperarlo todo, como quien habla de un amor perdido o una canción sólo disponible en vinilo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario